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jueves, 12 de mayo de 2016

Relato de resignificación

 


Crónica de una maqueta significativa


Retomado del texto de María de Jesús Beltrán Cuén, estudiante de la LEIP

“el mundo de la vida cotidiana, es un mundo que se origina en los pensamientos y acciones de los miembros ordinarios de la sociedad”
            Berger y Luckman (s.f.)

Tenía 12 años, estaba en sexto grado cuando mi maestra nos enseñaba del sol, la luna y los planetas y yo estaba más que atenta a toda esa historia cósmica de la naturaleza: los movimientos de piedras que flotan fuera del mundo donde vivimos, el viaje instantáneo de los rayos de luz para hacer el día, el brillo lunar que es espejo del sol…increíble, pensaba yo, increíble que eso esté pasando ahora mismo. Y mientras la maestra explicaba como sortearía a 3 personas para hacer un trabajo, yo soñaba con qué se sentiría estar fuera de la Tierra y voltear a ver el sol enfundada en mi traje galáctico de niña astronauta junto a mi nav…

-¡Marichú, Marichú!, alzó la voz la maestra, tu eres la 3era persona que hará la maqueta de nuestra galaxia.
-Sí maestra, respondí sin pensar, y en ese momento me acordé: ¡híjole, cómo le voy hacer!, no les puedo pedir dinero a mis papás para el material,  están muy gastados y todavía no compran ni los uniformes, a ver cómo le hago.

Pero estaba tan entusiasmada con la idea que cuando llegué a casa empecé a buscar cosas que pudieran servirme y comencé a mirar de otra manera lo que siempre había estado frente a mis ojos. Ahora lo comprendo, “esa parte del mundo a nuestro alcance que podemos observar de modo inmediato y también cambiar y reordenar mediante nuestras acciones” (Berger y Luckman, s.f.)
Junté tapas de jugos y refrescos, el sol lo representé con una pelota de un pontenis que tenía en casa, la base la hice con un pedazo de cartón viejo y dibujé todo lo demás.

Al siguiente día presenté mi maqueta con un poco de nerviosismo mezclado con orgullo, ya que no la habían pedido de esa manera pero me las había ingeniado para que pareciera ese universo que había imaginado.

Mi sorpresa fue que la maestra quedó encantada con mi trabajo y lo puso como ejemplo de que cómo las cosas más simples y cotidianas adquieren otro sentido al tener una clara intensión.

De acuerdo a Berger y Luckman (s.f.) la conciencia es siempre intencional, siempre apunta o se dirige a los objetos, y de esa forma uno interpreta y reinterpreta lo cotidiano, teniendo dirección. El aprendizaje de esta experiencia se ha enriquecido con los años, se ha resignificado de tal forma que ahora es un ejemplo para motivar a mis propios hijos a no claudicar y buscar solución a los tropiezos.






Referencias

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